El Político

Sarmiento encarna el ideal de una figura política. Porque es un hombre de ideas y es un hombre de acción, que atraviesa la vida del país y su propia existencia con la fuerza de un viento arrollador.

Nada es igual después de su impronta, de su aparición en escena. Y esa impronta tiene como estandarte el proyecto civilizador.

En sus años de juventud y de exilio y luego de su vuelta a la Argentina, la inmigración, la educación, la reforma agraria y las comunicaciones son los pilares de un programa destinado a traer la modernización y el progreso a las tierras argentinas.

Desde la Gobernación y luego desde la Presidencia busca con incesante energía poner en práctica este programa. Tiene que enfrentar una realidad compleja y frecuentemente hostil a sus ideas.

Desde el Congreso trata de dar al país la legislación indispensable.

En sus misiones al exterior investiga formas de accionar que le sirvan de ejemplo. Y con espíritu americanista defiende la integridad de los estados.